Sueño bovino

14 mayo, 2013 § Dejar un comentario

Soñé que estaba en la rivera de un río en el que nunca he estado. En mi sueño escuchaba a un toro bramar, un llanto escandaloso de bovino dolido. Lo buscaba y no encontraba al semoviente por ninguna parte. Me acerqué a la superficie para ver mi cara, para ver si el río me ahogaba el reflejo, pero no. El toro volvió a bramar y en ese momento lo logré ver. Era blanco, de proporciones exageradas, como si fuera el padre de todos los toros que han existido, era un ejemplar hermoso, sólo que no tenía cabeza y cada que bramaba, el esófago le sobresalía de su cuello cercenado como si un viento violento lo quisiera arrancar desde lo más profundo de sus entraña y ahí, mientras empezaba a sentir lástima por el toro descabezado, me desperté.

Ananda`s (II)

16 abril, 2013 § Dejar un comentario

A Leo lo llegaron a rescatar los primos, se lo llevaron con falsas promesas de más alcohol en la casa. Yo me terminé yendo a una fiesta con un montón de gente que no conocía, pero los tragos nos hicieron amigos fraternos muy rápido. Me terminaron aconsejando que estudiara medicina, que ellos también, que conocían gente y a doctores que daban clases en la universidad y que no les importaría presentarme a algunos de ellos. Yo les creí. Santiago luego contó que le había ido mejor, aguado, pero mejor, se levantó a un tipo de primer año que andaba en el quinto círculo de la ebriedad, se lo llevó en taxi al motel que parece castillo. En el cuarto se pidieron unas cervezas más, Santiago lo besaba en los labios con suavidad, le quitó la ropa como si fuera su esposo, le dedicó ternura y tiempo, le bajó los calzoncillos de algodón con estampados de bullvasaur en un lapso ridículamente largo, lo besó todo, con cariño, como si lo quisiera y lo fuera a ver otra vez.

El muchacho de primer año estaba ahí, echado, aplastado contra la cama dejándose humedecer el cuerpo, sin oponer resistencia y sin colaborar. Santiago lo lamió todo y cuando se le subió encima se dio cuenta que su príncipe de Ciudad Paleta roncaba como chancho agonizante y le había eyaculado en la pierna izquierda y todo terminó. Le había salido tempranero el pequeño. Santiago recogió su smoking, fino y brillante, se arregló lo mejor que pudo en el baño, pidió el taxi y mientras amanecía detrás del motel-castillo deseaba que se le callera la verguita al putito de primer año.

Nos graduamos en noviembre y a comienzos del año siguiente, ya éramos estudiantes de la universidad y podíamos vestir como quisiéramos, entrar o no a las clases, fumar cigarros en la cafetería y marihuana detrás de la biblioteca, hay que ser discretos, por supuesto. Terminado el primer semestre, a ninguno de los tres nos fue bien. A Santiago le fue peor, dejó su casa, sus padres decidieron que era mejor, que ellos le darían dinero, pero que era por su bien, para que aprendiera a vivir, que la vida lo forjara, bye, sweety. Se hizo de muchos amigos y amigas y aprendió a maquillar divino.
Al cabo de un tiempo, no nos veíamos casi nunca. A veces nos encontrábamos en algún bar, nos saludábamos y nos poníamos al tanto de nuestros logros y de los abundantes fracasos. Veíamos como se feminizaba más, sabíamos que se travestía en unas reuniones privadas con sus amistades, pero eran cosas que no nos importaban demasiado. En una fiesta lo encontramos y ahí fue cuando nos contó sobre Ananda´s. A la mañana siguiente fuimos con la cruda que nos llegaba al los huesos y le pedimos la llave con abusiva sutilidad para que nos dejara pasarla ahí. Y nos quedamos.

Cuando nos aburríamos de drogarnos, llamábamos a otros drogos conocidos para seguir drogándonos más. Algunas veces compraban cervezas, pero los corríamos al anochecer, por si Santiago llegaba. Una noche así fue. Llegó a media noche y nos despertó de una patada en la cama. Nos dijo de la manera más amable que le hiciéramos el favor de irnos a dormir a la otra habitación e hizo énfasis en habitación. Tal vez pensó que utilizando la diplomacia y la amabilidad no le notaríamos que le habían hecho mierda la cara a puñetazos y que andaba desgarrado el vestidito color salmón. Quisimos decir algo, ninguno de los dos lo hizo.

Cuando despertamos por la mañana, Santiago ya no estaba. Cerca de las quemaduras de cigarro en el colchón vimos gotitas de sangre tostada. Leo dijo pobrecito y renegó porque le dolía la espalda por dormir sobra tanta babosada. El vestido color salmón desgarrado esta tirado en un rincón. Salimos a una cafetería por un café y por algo de verdad decente para desayunar. Leo insistió todo el rato que Santiago lo había hecho mierda un cliente, que era de esos travestis que puteaban en la esquina del banco sobre la alameda.

-no creo.
-se lo hizo mierda ese hijuputa.

Yo no imaginaba cómo alguien le podría hacer algo así al Santiago que hizo millonario al dentista del Liceo con tanto muchacho con dientes desprendidos, quebrados y astillados por el puño de Santiago, el marica más violento de nuestra generación. Dejamos en paz el asunto, aunque todo el día nos preocupó de alguna manera. Pasamos por el supermercado comprando galones de jugo y pastelitos de chocolate. Fumamos los puritos mañaneros y le seguimos poniendo durante el día. En la noche fuimos a una fiesta en un bar. La cosa se puso bueno y todos terminamos en la playa y ya nadie se acordaba quién era el que cumplía años. Nos despertamos tardísimo y la mitad de los festejantes ya se habían ido. Tomamos la difícil decisión de quedarnos ese día también. Compramos cajas de cervezas y encontramos el trance de droga local. Ya no había cumpleañero a quien festejar, pero igual nos divertimos. Cuando desperté vi a Leo sentado en una silla, estaba frente al mar y pensé que algo había cambiado en él. Me acerqué y no, solo estaba medio desmayado. Almorzamos cervezas y unos ceviches de sabores atómicos. Durante la tarde fumamos tanto que nos ardía la garganta. En la noche nos fueron a tirar a Ananda’s e hice énfasis en Ananda’s. El calor era insoportable, Leo se puso el ventilador en la cara y se aplastó en la cama, se miraba más tostado que nunca. Yo me senté en el suelo de la sala y me fumé cigarro tras cigarro. Escuché que un carro se estacionaba frente a la casa. Salté y desperté a Leo, el pendejo se asustó y me dejó ir puño en la jeta, se lo regresé y se despertó del todo.

-viene Santiago, es verdad, trae cliente.
-te dije, hoy ya la cagamos.

En un segundo apagamos la luz, nos metimos al cuarto-closets. Nos quedamos callados. No sé Leo, yo sentía algo bien igual al miedo.

-hoy nos pisa a nosotros también.
-shii, cállate.
-ya la comimos.

El carro allá afuera se estacionó. Oímos abrir y cerrar las puertas. Santiago soltaba risitas como de gorrión borracho. Del cliente no oímos nada. La llave entró, el clac fortísimo. Escuchamos pasos de zapatos bajos y estocadas en el piso con los tacones de Santiago. Leo se puso una minifalda a la altura de la boca, como si con eso se escondiera, como si estuviese a punto de burlarse del niño de la película de Bruces Willis y dijera Chepe, veo gente muerta, ya la comimos. Pero no lo hizo.

Santiago entró con el cliente al cuarto, a Londres. No cerraron la puerta. El tipo le recriminaba que apestaba a muerto, a cigarro, a miadero, que mejor al motel. No, papi, pongo el ventilador porque ufff que calor, tiro perfumito y listo. Se oían intentos de besos, casi besos y besos bien dados, respiraciones agitadas carentes de coordinación, ahogándose solo con los labios. Leo seguía tapado con la minifalda y me di cuenta que era moradita. A mí me dolía la garganta, pero estaba demasiado nervioso para hacerlo sin armar escándalo. En el cuarto se oían los sonidos típicos de dos sujetos que estaban a punto dar la cogida de sus vidas. Yo quería irme a cualquier lugar, a mi casa, a un bar, a la playa y quedarme en la ramada hasta que el agua del amanecer me llegara a la mandíbula. Todo parecía estar normal, normal para lo que estaba ocurriendo, Santiago se disfrazaba de Sussie, se conseguía un cliente con esas enormes piernas que tenía, se lo llevaba a su casa, la cual debería de estar sola, sin dos marihuaneros abusivos que no se decidían a irse nunca. Una hermosa y básica transacción económica urbana. Leo pareció entender eso mejor, porque empezaba a dormirse de nuevo.

De pronto todo ya no fue normal, ni como debería de ser. El primer golpe desató el primer grito que provocó que nos crispáramos de nuevo. Leo se quitó la minifalda de la cara y se escucharon un par de golpes más. Pon pon. Santiago gritaba maricón, maricón, que putas te pasa, maricón. Vos sos el maricón hijo de puta, hoy sí te mato a matadas, culeroemierda. Y pas pas, patadas. Santiago comenzó un grito que se le cortó para agarrar aire y no ahogarse en un gemido.

-ya la comimos, ya la comimos.
-shiiiiii.
-ya la comimos, cerote.

Pensé un momento, sentía como el corazón me palpitaba acelerado, no vi escenas de mi vida y algo me hizo reaccionar. Busqué algo en el piso, lo primero que agarré fue un zapato con un tacón imposible. Un arma largopunzante. Antes de poder levantarme, Leo se había parado, salió por la puerta y entró al otro cuarto. Solo escuché quebrarse una cabeza en una botella de vidrio. El cliente cayó. No estaba muerto, tenía los puños cerrados como haciendo fuerza para no cagarse ahí mismo, parecía rígido y gruñía como perro moribundo. Santiago se estaba levantando, se agarraba el estómago y pujaba como si pariera al diablo por el culo. No lloraba de tristeza ni de enojo, solo por puro dolor en las entrañas. Leo entraba y salía de los cuartos, se agachaba sobre el cliente mientras le decía a Santiago que estaba bueno, por andar de puta, que se compusiera, levantate, agarrá esa botella, y Leo le señalaba la botella de vodka parecida a un bote de perfume putesco. El cliente tenía amarradas las manos con una tanga y las rodillas con un vestido transparentísimo. Yo estaba ahí, en medio de todo, con la cara de imbécil que nunca había tenido la oportunidad de ensayar, estaba a la par de todo y con el zapato en la mano todavía. El tipo no paraba de gruñir, Leo aseguró los nudos, le pegó una patada que sonó a futura hemorragia interna y dale con que Santiago tenía que avivar, que qué putas andaba buscando en la cale, cuando se levante, le pegás otro y vos movete, meté todo a las mochilas. Santiago se había sentado en el borde de la cama, con una mano tenía la botella y con la otra se sostenía el estómago. Guardamos todo lo de nosotros en las dos mochilas y Leo le casi gritó a Santiago algo como, nos vamos, ya es tarde, gracias por todo, ya no andés puteando, conformate con lo que tenés, el patio te queda limpio, gracias, chaito, maje.

Salí nervioso, vimos el carro del cliente estacionado afuera, se me ocurrieron muchas situaciones más. Caminamos por la calle de la colonia y ya no hacía tanto calor.

-se la comió el tipo, va, cerote.
-lo hiciste mierda.
-y al final qué putas es Ananda’s.
-la casa de la Santiaga.
-se la comió el hijoputa, veá.

Ananda’s

3 abril, 2013 § Dejar un comentario

Al cuarto en donde estaba la cama, el ventilador y el tocador de princesa quinceañera, nosotros le llamábamos Londres y nos reíamos mil. La mayor parte del tiempo que Leo y yo pasamos en Andanda’s, la pasamos fumando largos puros de marihuana y dejábamos el cuarto en neblinas. Una día Sussie, Santiago ante la insistencia de los padres, nos prestó la llave de su casa para pasar una resaca y cuando nos dimos cuenta ya habían transcurrido quince días y nos habíamos fumado media libra de marihuana y media libra seguía sobre la mesa de plástico verde, el único mueble en la sala.

Ananda’s era una casa en una colonia tranquila en temporadas, tenía una sala pequeña con paredes pintadas en color pepinesa, un baño muy descuidado, un patio trasero, el cual tuvimos que limpiar de maleza, trozos de vidrio y cosas que ya habían mutado a basura, lo hicimos como quien dice para no pasar por inútiles ni malagradecidos. También habían dos habitaciones; la de dormir y la otra que hacía las veces de un closets en donde Sussie guardaba todo lo necesario para la guerra en la farándula: pelucas peinadas, minifaldas de distintas cortitudes, zapatos con tacones imposibles, vestidos de noche, de cóctel, de iglesia, de días de campo y una variedad de cremas y cosméticos de olores y colores sensuales. Entre tanto caos de glamour y mugre, habían decenas de botellas vacías de agua y de vodka Lenovo.

Leo y yo casi no salíamos de Ananda’s. Comprábamos galones de jugo de frutas y pastelitos de chocolate como provisiones. De vez en cuando pedíamos pizza a domicilio, terminábamos vomitando con esfuerzo la basura esa y nos fumábamos otro purito para acomodar el cuerpo. Sussie llegaba cado dos o tres días disfrazado de adolescente adinerado para sacar ropa y accesorios del cuarto-closets y para putiarnos con desgano, que porque no nos vamos a la mierda, que si no tenemos casa y pobrecitos nuestros preocupados e ingenuos padres, manteniendo a un par de drogos y que por qué putas le quemamos la cama con los cigarros, que chau, beibis, no me incendien el hogar y enfatizaba hogar. Sussie se iba y dejaba una huella de perfume mariconsísimo tras de él.

Sabíamos que nos teníamos que ir algún día, pero no muy pronto. Cuando Sussie todavía era Santiago y éramos compañeros en el Liceo, demostró ser el hombre afeminado más paciente de la institución, aguantaba los que qué rico lo mueve, mi amor, esto es tuyo, aquí está tu karaoke, Shakira y no decía nada. Pero cuando le tocaban el culo o lo buscaban mucho, demostraba igual que era el hombre afeminado más violento de la institución y allá mandaba sin dientes a uno y con dolor en los huevos a otro y nadie decía nada a sus papás, nos caímos jugando fútbol, que mucho fregaba un man y nos tuvimos que dar en la trompa. Dolía el cuerpo, pero dolería más que supieran que La Santiaga, ese maricón flaco y orejón, los hubiese jodido.

Santiago se logró graduar a pesar del acoso y nosotros a pesar de todo también. La noche de la graduación juró que nunca iba a volver a pisar ese colegio lleno de estudiantes y profesores enclosetados, que cojían bien calladitos entre ellos. Iba lindísimo en su smoking apretado y brillante, le entregó el título de bachiller a su madre quien se lo aceptó por purito compromiso social mientras se ruborizaba de verdad bajo el rubor naranja de mentiras. La señora intentaba hablar con las otras señoras, socializar, tomar traguitos rosados, lucir su vestido azul discreto, pero se le notaba lo avergonzada, lo apenada, se le miraba que era la mamá de la loca, de La Santiaga, pero es que la foto en blanco y negro de ese orejón marica pegada al título de papel avejentado la delataba.

Esa noche, Leo bebió tanto que se besó a tres cuartas partes de nuestras compañeras y fue cacheteado por la cuarta parte restante, las bonitas y sobrias. Yo tomé despacio porque quería que fuera una noche grandiosa con el amor de mi vida, pero resultó ser el amor de la vida del hijo del alcalde y de su Honda Civic negro mate casi un batimovil. Y ya no importó la noche y ahí estábamos los tres, jóvenes, no muy hermosos, un tanto fracasados en la ocasión del mayor logro académico de nuestras pudendas vidas. Nos acodamos en la barra del bar y vimos como los demás no se sentían tan mal, como bailaban reguetón como si no los hubiesen educado católicos, como aprovechaban una balada y bailaban pegaditos para arrimar partes en crecimiento y sonreían para las fotos y comían con sus clanes afortunados y nosotros dale con la cerveza, huérfanos de familiares orgullosos. Al final, hubo otros fracasados con más gloria. Francisco se tiró a la piscina con todo y ropa y nadie lo pudo sacar de ahí hasta que comprendió que su teléfono se había ahogado y que ninguna mágica respiración de boca a bocina lo iba a regresar a la vida -lo sacaron llorando pero no se le notaba-, una princesa ebria se durmió sentada en el inodoro y los épicos, esos que hacen leyenda, fueron los tiernos enamorados que atraparon en romántico desvirgamiento mutuo en el carro del papá de la casi virgen bachiller.

El amor suele ser… (II)

19 febrero, 2013 § Dejar un comentario

 

Es algo terrible pensar en el amor, hay que tomar aire y tener cuidado de no comerse una libélula en el intento. Si el amor fuera un misterio, el proceso de clarificar su conceptualización fuera más sencillo. Uno podría contratar a un investigador o detective privado que haya leído a Poe, London y Larsson y todos felices al cabo de varios asesinatos. Para muchos el amor puede ser sexo y poesía, cumbia y fantasía, metafísica y cocina, todas las opciones juntas o individuales.

El amor puede ser el error más acertado, la confusión más clara, la mayéutica imprecisa, puede que sea Anakin y Padmé Amidala. El amor es la memoria que no deja de sangrar, es el miedo a la ausencia, es sentir que el aire no es aire sino se respira compartido.

El amor es el Infierno afelpado de nubes, es Julieta, Elisa, Sophie. El amor puede ser un raro pokemon, pero para cada uno siempre habrá su pokebola. El amor es Freddie Mercury, Jim Morrison, Janis Joplin y Amy Winehouse cantando juntos para la noche inmensa. El amor es Baudelaire que besa a lo más hermoso entre el fango del Sena. Es Kerouac desnudo en el Nirvana y también es Bukowski que trata de reunir todos los pedacitos de vidrio que antes fueron un vaso, es un suspiro encerrado en un bote de mayonesa, es un peluche de Taiwán, es hacer nuestro el universo.

El amor es Sakura y Shaoran distorsionando la manera de amar de toda una generación. El amor es Karen y Karen con Buena fe, es el morete mil de Seiya al sacrificar su vida por Saori Kido, es la última mirada entre Sansón y Dalila, es La Tirana y Velásquez. Es la Lupe y García madero, suele ser un secreto que grita desde su prisión de deseo para que lo alimenten con silencio.

Es un sudoku el amor y también una línea recta que surca los océanos. El amor es ser humano y no entenderlo. El amor es tener miedo de no volver a respirar el aroma de su piel y que el terror se vuelva obsidiana en el pecho nocturno, es insomnio y pesadilla, es ese recuerdo de ella que aparta con los dedos su cabello de la boca, su boca es el amor. Es verla feliz entre los acordes de la canción más bonita del mundo, también es Henry Miller, es Afrodita y Vulcano, Afrodita y Marte, es Heidi y Pedro. Es la bailarina que gira y gira en el infinito oscuro de sus ojos negros, es parpadear y que su rostro sea el horizonte.

El amor es paciencia y desenfreno, es aventura y mesura. Es perder la cordura, la decencia y que toda boca enemiga se vuelva muda. El amor no tiene noción de modales ni etiqueta, es el Gran Gatsby antes y después, es Mandy y Tigran, es la Loca del Frente sobre la arena de Valparaíso, es Rocío Durcal y Juan Gabriel.

El amor es una adivinanza sobre los dorados senos de la Esfinge, es un chiste chiclín. Cabe la posibilidad que el amor sea una fruta madura en un árbol sin hojas, que sea la soledad del Minotauro. El amor es grácil y torpe, es el patito feo que baila con Odette en el lago.

Para algunos el amor puede ser un problema lingüístico, para otros, comúnmente en primavera, es una hipótesis cuantitativa o un debate científico, tal vez sea solo una semilla perdida en el algún baúl del siglo XVIII, quizás sea la canción con la que se aparean los unicornio sobre la espuma del mar. El amor es Finn y la Princesa de Fuego.

Puede que el amor sea la Libertad, la libertad de destruirnos el corazón cuando querramos o arrojarlo hacia la primera estrella inocente que se descuide. El amor es Alicia Keys, es Jack y Sally, es cuando se pierde el miedo a la diferencia o cuando se dice “te amo” en élfico.

Los idealistas suelen equivocarse y los idealistas enamorados también, el amor no siempre es una utopía, a veces es una ciudad posapocalíptica arrasada por Skynet, o Invernalia ocupada, el amor puede encontrarse en los riscos de Mordor, o en un campo de guerra, el amor puede ser un colibrí que besa a una flor en medio del fuego del Averno. El amor puede ser una frase que se vuelve Mephistopheles o puede que sea Ximena Sariñana y yo.

El Amor es complicado y buscarlo lo es aún más, pero es peor cuando él te encuentra. ¿Cacería o casualidad? Cada quien tendrá un concepto del amor, puede que sea un recuerdo, una imagen, un aroma, la nostalgia en sí misma, un sabor o un fetiche que haga decir “esto es el amor”. Por lo tanto… he dado vueltas y vueltas y no he llegado ni a la mitad de la Nada, pero hay vida para desperdiciarla y devorar una a una las dudas que me surjan.

 

Pero y para usted ¿qué es el amor?

El amor suele ser… (I)

19 febrero, 2013 § Dejar un comentario

Mi ignorancia relativa sobre las corrientes filosóficas de Kant, Spinoza, Drima y Bôll me impiden concretizar de manera coherente un concepto de amor que me satisfaga. El asunto se agrava en febrero cuando resurge el tema si es correcto o no celebrar el Día de San Valentín. Los unos dicen que el dicho día en cuestión es un plan orquestado por grupos oscuros para que los ingenuos enamorados gasten su dinero en rosas, chocolates y cenas de todo tipo, los otros dicen que es un día especial en el cual se ama más que en días ordinarios. Todos tienen algo que decir, los antipáticos, los pro-febreristas, los entusiastas, los racionales, los valentinianos, todos.

Yo solo sé lo que veo, sabiendo que tengo miopía en el ojo izquierdo y astigmatismo en el derecho. En estos días febrerales he visto y malvisto de todo y para ser franco la cuestión no es sencilla.

Las certezas no existen, pero algunas cosas se pueden alejar del mundo de lo efímero y se pueden volver más tangibles. Por ejemplo, en este lado del planeta el amor es rojo. Mis carencias cosmopolitas no pueden asegurar que la afirmación sea global. Por otro lado, la Amistad no posee color.

El amor es John Lennon desnudo y Yoko Ono bajo el ojo de Leibovitz, el amor es Andy warhol con Andy Warhol y Truman Capote con Truman Capote, es Monica y Chandler, Dawson y Joy, Dante y Beatriz. El amor es Narciso que ve el rostro de Orfeo que lo arrastra el río mientras Eco sonríe entre los arbustos. El amor es tan Goku tocándole “la parte” a Milk mientras vuelan sobre la nube voladora comprometiendo sus vidas para siempre en un momento incómodo.

Lo que entiendo por estabilidad en una relación cuando se ama, es lo que yo tengo con Natalie Portman y Tati Azucena, un compromiso estable, sin complicaciones ni abruptos. Pero temo que cuando ellas se den cuenta que son mis novias… todo termine y yo vea la luna y mis lágrimas no sean estrellas.
El amor es incierto pero fácilmente el amor podría ser Selena cantando en el escenario infinito que es el universo que se expande y palpita más allá de la nebulosa Corazón. El amor es lo que sentía Sócrates por la cicuta, Smeagol por el Anillo, el Diablo por el Cielo, Verlaine por Rimbaud y Onán consigo mismo.

El amor también es raro, en ocasiones es como una gota de fuego que se sumerge en un vaso de agua o es como Nietzsche al abrazar al caballo, a veces es una sonrisa que se despega del rostro y vuela a donde las sonrisas son más queridas, es un dulce devorado por mil hormigas furiosas, es un ángel encerrado en los testículos de un perro, es un bosque en la noche, una lluvia sin invierno y todo todavía sigue siendo amor.

El amor a veces es una cuestión dificultosa, quizás más que tener 27 años, tal vez más complicado que hacer entrar a pikachu a la pokebola o que te odie Lord Voldemort.

El amor puede ser una tormenta de arena que te extravía en el desierto de lo incierto, es el segundo que se vuelve laberinto y el amante aunque yerre los caminos y no vea clara las senderas, nunca deja de ser consiente que al final lo espera la gloria y la locura. El amor puede ser Mario Bross y la Princesa.

Es complicado el amor y estar enamorado es riesgoso. Debería de haber un manual apócrifo lleno de indicaciones para tener éxito en una relación, para no hacer el ridículo y no pasar por pendejo, por un lindo y rosadito pendejo que flota en el aire como una anémona perdida.

El amor es un azahar descomponiéndose en el silencio. Es Khal Drogo cuando siente dragoncitos en el estómago por la purpúrea mirada de su Luna y Estrellas. El amor es el Principito y la Rosa, es la rosa ardiendo sin nombre. El amor son esas palabras que confluyen en la supernova escondida en la garganta y es Modigliani y Jeanne, es la Maga en París, es Lisbeth Salander en la web, es Sartre y Simone de Beauvoir, Homero y Marge, Homero y Morticia, Homero y Helena.

El amor es dolor, alegría, pasión, tristeza, valor y arcilla girando violentos en el fondo afilado de una licuadora. El amor es perderse y encontrarse, es dejarse llevar por el viento para que te deje en donde no deberías estar. El amor es Vina Apsara, Kurt Cobain, es Novalis que muere en cada verso hasta morir de verdad.
nebulosa corazon

Puentes

6 febrero, 2013 § Dejar un comentario

No me gustan los puentes. Son estructuras complejas, tristes. Uno pasa sobre ellos como si siempre hubiesen existido, como si fueran estructuras naturales propinadas por miles y miles de años de movimientos telúricos y no adhesiones artificiales. Una tarde pasamos sobre uno de ellos, pasamos Julie y yo, abajo ya no había río que sortear, solo el fantasma de un arroyo muy patético. Recuerdo ese día porque iba con ella. No. Iba detrás de ella, nunca juntos, a la par, como si fuéramos peatones casuales o causales. Yo parecía su mascota, un perrito castrado que seguía a su desconsiderada dueña sin importar el rumbo que llevaran sus pasos enormes frente a mi cabeza sumisa. Ella movía su cuerpo como si no le diera pena que la gente se diera cuenta que debajo de su belleza de víctima escondiera al verdugo. El cabello negro se le enredaba al viento para ahogarlo en un solo segundo. Me sentía tan enamorado que me humillaba el sentimiento, yo era lo más parecido a un triste chucho que arrastra su hocico por el suelo olfateando el aroma de los pasos que nunca han tenido destino. Pasamos el puente y todo seguía igual de triste.

Recuerdo ese día porque andaba sobrio y eran mis últimos tiempos como metalero

26 enero, 2013 § 1 comentario

Con la música fui como cuando era católico, una prostituta hipócrita. Porque también fui adventista, evangélico y testigo de jehová, pero juro que nunca toqué ninguna puerta en domingo. Quiero decir que con la música era igual. Fui punk, emo, trasher, metal, seleniano, pop y trova, pero juro que nunca intenté tocar zampoña o hacer un grupito de hippies incas entonando el Condor Pasa.

Cuando fui católico iba a la iglesia, me postraba de rodillas y mi cara se compungia en la cara de más horror que podía fingir por respeto y agradecimiento hacia cada una de las heridas de Cristo Nazareno. Cumplí con casi todos los sacramento, en teoría solo me falta casarme y agonizar para que me den los Santos Óleos. Me aprendí todas las oraciones, todas las fiestas de guardar, cada uno de los nombres y vidas de las vírgenes y santos estatuizados de la parroquia. San Martín, negrito y con escoba; San Francisco, flaco y con el lobo a la par (como un maestro pokemom de hace mucho tiempo); Santa Lucía, con sus ojitos sobre una charola de lata; San Sebastián, sexy y flechado sin poder morir nunca; San Felipe, diminuto y comido por el comegén; la Virgen de la Candelaria, bellícima y sin tres dedos en la mano izquierda -travesura infantil me imagino-; Maria Auxiliadora, la más bonita y bien vestida de todas; había una imagen que a veces era María Magdalena y a veces otras semidivinidades inferiores.

Con el metal fue igual, me aprendí las canciones más emblematicas del género, supe vida y obra de los metaleros mas influyentes del pasado y de la escena actual. Me memoricé sus vidas, sus vicios, sus amantes (mujeres y hombres), sus muertes y las causas de estas. Me empecé a dejar crecer el pelo y a comprar camisas negras, el sastre se enricqueció haciéndome más estrecho los pantalones de las piernas. Las botas nunca las pude comprar, pero con los All Star se andaba bien.

Anduve de toque en toque conociendo a lo más loco de la escena nacional y ponía cara de éxtasis místico con los solos de guitarra y batería durante los conciertos de bandas que venían una vez cada que algún rockmanager descubría que existía el país. Uno se emocionaba con el frenesí del metalón hasta que el vocal sacaba una bandera de Guatemala u Honduras y decían “viva El Salvaddorrr”, los asistenten abucheaban y seguía el concierto como si nada. Nunca vi otro gesto de perdón más majestuoso como ese.

Ese día, en mi versión de matalero todavía, salimos del concierto más tarde de lo que esperaba y de lo que se imaginaron mis amigos. Para ir me puse mi camisa de Lacrimosa, All Star rojos, un brazalete de púas en la mano ezquierda, el cual me quitaron en la entrada. Yo andaba sobrio, después de comprar las entradas me quedé sin dinero para las cervezas. Así que solo me tocó ver y escuchar.

Era la feria de los gitanos en el infierno aquello. Borrachos por todos lados. Hombres delgadicimos enfundados en un traje negro de cuero, el cabello hasta la cintura enfrentando al mundo con una cara de haber vivido mil años y haber aprendido todo lo que se puede aprender. Platicaban entre ellos como si de salvar la raza de un nuevo mundo se tratara la discusión. Otros estaban destruidos, en niveles superiores a la ebriedad, desdoblamientos astraletílicos se podría decir, y para alguien sin ninguna gota de alcohol en el hígado era terrible ver todo eso.

La ansiedad me vomitaba los nervios y me sentia incómodo, amargado. Y de pronto apareció Freddy Krueger del Heavy como si en su fiesta de graduacion anduviera. El tipo se habia desgarrado la cara al tratar de saltarse la valla, pero no calculó la red con puas ni varias leyes básicas de la gravedad. Lo que tenía de cara era un filete ocre y a él le valía verga la salsa roja que se le había tostado en la camisa.

Los metaleros se fueron dispersando. Nosotros empezamos a caminar y la noche se iba haciendo del mismo tono negro del cuero pegadito a las piernas.

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